El viento surca la pendiente, aquel triste lugar donde cada cierto tiempo vengo a contemplar la indiferencia de las almas. Soy Elumed, un duende que cada día respira la agitación de las flores al caer el sol, la humedad de un beso entre los humanos cada vez que un adiós se presenta entre ellos, o la alegría de un reencuentro tras muchos años de ausencia.
Si, quizás soy solo un ente que escapa a tus miradas, que esta muy lejos de tu alcance y las distracciones mundanas que tú tienes, de los pensamientos que guarda tu mente y los quehaceres que tu cotidianidad te impone; pero lo que realmente me llama la atención de tu mundo es aquello que llaman sentimientos.
No comprendo… como es que puedes obrar o dejar de hacerlo en base a algo inmaterial, como puede eso hacerte desbordar de alegría o contemplar las más altas cumbres del Apocalipsis cuando algo denominado tristeza te llena. No puedo entender en mi corto alcance mental como la tristeza te invade a tal punto que llegas a sentir muchas otras cosas concomitantes, la desesperación, la locura depresiva, la desolación que solo he visto en las almas que errantes circulan por aquí cuando han sido víctimas de sus bajas pasiones, cuando han hecho actos tan execrables en su vida que han decidido terminar con ella por su propia mano.
Por eso concurro a este lugar, por que me recuerda que alguna vez yo también fui humano, que alguna vez tuve sentimientos pero no fueron valorados, si los recuerdos pudieran mantener viva una época, los atesoraría hasta volver a sentirme humano, pero no es así, la vida es una sucesión de momentos, felices para recompensarnos de aquellos duros, tristes y desoladores, en los cuales la vida realmente nos enseña las más grandes lecciones, en los cuales nos muestra de que estamos hechos.
No recuerdo como fue, solo sé que dentro de mí, deje de sentir el calor de un abrazo, el ansia por un beso, todo se torno gris, frío, pero a la vez cada día más perfecto… si la perfección existe, se la alcanzaría quizás de la forma como yo dejé de sentir y me volví un duende.
Ahora no comprendo como los humanos pueden complicarse tanto la existencia, como pueden llegar a cerrar tanto sus caminos hasta quedarse sin salidas y aún más, por más evidentes que los caminos y las salidas sean, simplemente se niegan a tomarlos, dejando que la casualidad o lo que denominan destino decida por Ustedes.
Si los sentidos nos son comunes en este plano de existencia, no comprendo como puede ser más importante algo que no puedes ver, escuchar, tocar, oler o saborear. Lo interesante de este plano de existencia es que puedo ver ambas caras de la moneda, por un lado estás tu con tus problemas, preocupaciones, risas y alegrías, con todo aquello que te vuelve humano, y por otro está lo etéreo, lo inmaterial, los ángeles y demonios que circundan tu mundo y cambian los caminos que adoptas, todos los seres celestiales e infernales que alteran tus decisiones sin que tu lo conozcas, sin que lo sospeches siquiera.
En ellos he logrado identificar el deseo de ayudar a los demás de la forma más legítima y desinteresada, la preocupación genuina por el bienestar de alguien, así como el egoísmo puro y sin escrúpulos, el odio y la pasión que desencadena. Si; he logrado contemplar los extremos fugaces y sucesivos, los hechos que nos llevan por los senderos de la vida.
No podría describir que me atrae de este campo elíseo, solo podría decirte que estoy aquí para descubrir quien soy, por que soy tú guía y por que dejo que lleves las riendas de mi destino.
Has acertado, habito en el subconsciente colectivo, donde las almas cobran su esencia, donde el éter une los delicados sentidos que sueles atiborrar con los sutiles impulsos de la naturaleza, donde el imperio de los sentidos se unifica con lo inconcebible de tus sentimientos, donde de una vez y por todas puedo ver la magnificencia de la raza humana y la divinidad de la creación suprema… donde para siempre habitaré, más allá de cualquier cosa que pueda dañarme, donde siempre seré solamente… Tú.
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