Cuenta la leyenda que las primeras notas
musicales se crearon a partir del sonido de las lágrimas de amor que se
vertieron en el mar. También cuenta que las musas fueron las pioneras en
sentir, en emocionarse de forma tan intensa, tan llena de fuerza que pueda
despertar sentimientos, que más tarde se volvieron vibraciones audibles en
sonidos, y que la ausencia de vibraciones a veces constituían un silencio, que
esos silencios a veces incomprensibles son necesarios para que el sonido tenga
significado, y compusieron sonidos, sonidos basados en emociones que se
volvieron palabras, que se volvieron sonrisas, caricias, tardes, días, noches…
sueños.
Pero más tarde las musas se fueron a
explorar nuevos sonidos, a descubrir mundos y dimensiones diferentes, en busca
de la melodía perfecta, de aquella que logre transmitirlo todo en notas tan
estremecedoras que con tan solo escucharlas te conecten con un universo
diferente y mucho más amplio, más allá de lo que las palabras pueden expresar…
por qué es verdadero aquello que solo las canciones pueden expresar lo que las
palabras por si solas no son suficientes, las musas desde entonces se quedaron
prisioneras en dimensiones diferentes, se volvieron inmateriales pero están en
misteriosas maneras junto a nosotros, en la sonrisa de ese niño que te mira, en
el trino de un pájaro en tu ventana, en la fotografía perfecta, en el respirar
junto al ser que amas...
También se dice que fueron las hadas y los
faunos los primeros en suspirar, en perder el aire de forma espontánea por un
segundo y luego de él tener la sensación de satisfacción, de placer, esa sensación
que solo un buen recuerdo, una travesura compartida te deja en el alma, te
invade desde lo más profundo, para tomarte desprevenido y arrancarte una
sonrisa.
Cuenta la historia que en las tardes sin
nombre las musas flotan, se liberan y nos invaden, nos traen la nostalgia de su
perdida libertad, de la dimensión alterna que habitan desde que el hombre dejó
de crear y se volvió un consumidor, consumiendo sus sueños con sus
preocupaciones, con el mal carácter, con el stress y sus problemas; y es
entonces que se apoderan de una pluma, que poseen el cuerpo de quien la lleva,
que se meten en su mente o simplemente susurran en el oído de ese alguien que
logra plasmar en un pentagrama las palabras y las notas, la letra y la música,
el sentimiento y el deleite… la leyenda.
Sin embargo hay momentos en que las
canciones que un día no fueron, las que se perdieron en el arrasador paso del
tiempo se mezclan en los destellos de inspiración de quienes aún buscan a las
musas… esas vivencias que terminan tomando forma y de algún modo las sientes tuyas,
lo son y te identificas y es así que hay canciones que cuando las escuchas te
interpretan a ti, te contagian, se vuelven uno con tu sentir... esas son las
inolvidables.
Hay canciones que se van marcando con el
paso del tiempo que se van contaminando en el ambiente y son arrastradas por el
viento, que llegan a tus oídos y de pronto las repites inconscientemente, las
empiezas a repetir por que te gustan, por que transmiten lo que sientes, por
que encierran un lugar, un momento, un recuerdo, por que sin embargo de no ser
escritas para alguien las canciones tienen un nombre y encierran muchas veces a
una persona, por que una canción es un mundo entero y al repetirla tanto se
vuelve un mantra, que más significado cobra cada vez que lo entonas… y sin
embargo no dejas de hacerlo por que esos sonidos, notas, silencios, armonías y
palabras están en tu alma y te definen.
Si algún momento te sorprendes inventando
una cadenciosa melodía, no te limites, deja que la inspiración toque a tu
puerta y que las musas se apoderen de tu espíritu, que los recuerdos y
sensaciones que ellas aprendieron se fundan con tu cuerpo y mente, la creación
que de allí surja será perfecta, y te sorprenderás con la cantidad de personas
que se identifican con lo que tu has creado… con el nuevo mantra que les
entregas.
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